miércoles, 5 de junio de 2013

Musicofobia


Nosotros, que vivimos inmersos en la música, que forma parte de nuestras vidas, en el pasado, en el presente y confiamos que en el futuro también, no podemos concebir cómo puede llegar a convertirse en nuestra enemiga. Sin embargo, para algunas personas, la música es una fuente de malestar. No, no estoy hablando de las canciones de Madonna (que también), me refiero a lo que se ha dado en llamar musicofobia, o melofobia, esto es, un miedo ostensible a la música en todas sus manifestaciones (auditivas, claro). Veamos un caso muy representativo, el de una mujer norteamericana, maestra de escuela e irónicamente cantante en el coro de su iglesia, llamada Stacey Gayle, aquejada de una forma muy rara y extrema de musicofobia, conocida por los expertos como epilepsia musicogénica.


Hasta los veintidós años, Stacey había llevado una vida absolutamente normal, propia de una joven de su edad, asidua a conciertos, consumidora habitual de CDs... Una noche sufrió violentas convulsiones. En el hospital, los médicos la examinaron y no fueron capaces de realizar un diagnóstico. Desde aquél día, Stacey volvió a sufrir convulsiones, que al principio parecían aleatorias, hasta que logró hallar un patrón en aquellas extrañas convulsiones. Se dio cuenta de que cuando escuchaba la canción Temperature, de Sean Paul, uno de sus músicos favoritos, sufría una convulsión de manera casi automática (a mí me ha ocurrido lo mismo, pero por otros motivos). Poco a poco, el catálogo de canciones que le provocaban caer al suelo comenzó a aumentar, y cada vez tenía más claro que había un nexo entre ciertas canciones y su dolencia. Asustada, y sobre todo temerosa de que nadie la creyera, continuó con su vida. Sin embargo, acudió a un neurólogo, que la recetó fármacos que aliviaron las convulsiones, pero no las suprimieron. Con el tiempo, Stacey adquirió gran maestría en averiguar qué tipo de música le producía convulsiones. Descubrió que la música que no era de su agrado - el jazz y la música clásica - no le afectaba en absoluto.

Sin embargo, y como quiera que la música se haya presente en cualquier lugar, la calidad de vida de Stacey disminuyó. Apenas era capaz de salir de su casa. El simple hecho de salir con las amigas a tomar un refresco al centro comercial era una aventura peligrosa que no podía afrontar, sobre todo teniendo en cuenta que en los centros comerciales no suele escucharse mucho a Miles Davis, por ejemplo. Tuvo que abandonar su trabajo de maestra, principalmente porque sus alumnos no se acordaban de bajar el volumen de sus teléfonos móviles. Al menos, reunió el valor de poner a sus médicos al corriente de sus investigaciones acerca de la música y sus convulsiones: simplemente, le pusieron unos auriculares, la canción Temperature de Sean Paul, y a los cinco o seis segundos sufrió una fuerte convulsión. Extrañados al principio, los doctores le hicieron otras pruebas y confirmaron el diagnostico: epilepsia musicogénica, una dolencia muy rara, que provoca una alteración grave del cerebro del paciente, pues las células cerebrales que se encargan de procesar la información musical se hiperexcitan cuando reciben la información, y simplemente desencadenan un ataque epiléptico...

Los intérpretes de música clásica son más propensos a padecer musicofobia

¿Cuál es el origen de la musicofobia? Según la doctora Marsha Johnson, de Oregon, USA, en la mayor parte de las ocasiones esta enfermedad está relacionada con una puntual experiencia traumática con la música, entendido esto desde el plano físico. Un ejemplo muy característico es un volumen excesivamente alto en un concierto (¿cuántas convulsiones habrán provocado los Who?). También son frecuentes los casos de músicos que tocan sus instrumentos en un entorno muy ruidoso (como es el caso de los intérpretes de las orquestas sinfónicas). Esto provoca el típico "pitido" en los oídos - conocido médicamente como tinnitus - que puede derivar en algo más grave llamado hiperacusia, es decir, una exagerada sensibilidad del oído ante cualquier estímulo sonoro, música incluída. En cualquier caso, el tinnitus no tiene cura mientras dura la crisis, y la hiperacusia es difícil de tratar. Todo eso puede llevar al paciente a sufrir melofobia como una consecuencia de estas dolencias... se trata de una incapacidad grave, pues no solamente sufren debido a escuchar música, sino que los pacientes también añoran tener la relación que tenían antes con ella, algo lógico, por otra parte. Los dolores intensos y molestias y en casos extremos las convulsiones terminan por recluírles en sus casas, o bien el miedo a sentirse ridículos o juzgados les lleva a exponerse a situaciones que saben les van a perjudicar. 

En el caso de Stacey, una cirugía bastante agresiva eliminó para siempre sus convulsiones. Pudo retomar su antigua vida, disfrutar de la música de Sean Paul sin caer enferma, volver a cantar en el coro de su iglesia... De modo que, si conocéis a alguien que no escuche música, o más bien se declare contrario a escucharla, es posible que sea un caso de musicofobia.  Lo recomendable es estar atento a lo que nuestros oídos nos dicen... preservarnos de la música excesivamente alta y si escuchamos pitidos o dolores en el oído, debemos acudir al médico... así podremos seguir disfrutando de los placeres de la música.


7 comentarios:

  1. Jo, qué artículo tan alucinante... ¿Cómo es posible que el ser humano sienta y padezca ese tipo de enfermedades -dolencias, afecciones, miedos- a algo como la música? Es tremendo, me ha impactado leerlo.

    Un abrazo

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    1. Pues es cierto... en realidad se puede tener miedo a prácticamente cualquier cosa... misterios del cerebro humano!

      Un abrazo, iNe!

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    2. Bueno, miedo... Indirectamente sí, claro. Porque es una afección cerebral, y el miedo a volver a sufrir esas convulsiones te hace evitar la música en todas sus formas. Más bien el miedo a las convulsiones genera el miedo a la música, pasa por un estadio antes de ir a la música. Mira esta mujer, hasta dejando las clases por los tonos de los móviles. Eso ya es un caso extremo.

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    3. Desde luego, es un caso extremo... lo curioso es que las convulsiones las provoca la música al excitar al cerebro... qué raro es que una determinada canción produzca esto! Por mi parte, conozco a algunas personas que no quieren saber nada de la música. Quien más quien menos escucha música, poco o mucho, pero nada de nada! Es extraño realmente.

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    4. Eso es más o menos normal, me refiero... Hay personas a las que les da igual la música o incluso les incordia en ocasiones, y es lógico. A mí por ejemplo me pone frenética que la tele esté encendida mientras ando haciendo otras cosas, o hablando. Pero de ahí a convertirse en fobia, hay mucho trecho. Y no solo eso, sino dejar de "consumir" música de forma radical... Una cosa rarísima!!

      Un besote!!

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    5. Muy interesante este articulo, no conocia este tipo de fobia!! Gracias por compartir esto.

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    6. Muchas gracias, Rosa-Signs, me alegra que te haya interesado... te agradezco el comentario!

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