lunes, 13 de mayo de 2013

El Extraño Caso de Maurice Ravel


Hoy os propongo que tratemos de música desde un punto de vista distinto al que usualmente tenemos. Estoy hablando, en general, de la música relacionada con la enfermedad mental, y más en concreto, de cómo un trastorno psiquiátrico influye en la creación musical. Creo que lo primero que hay que señalar es que, en contra de lo que la mayoría de la gente cree, la enfermedad mental no crea genios. Si un compositor, o pintor, o escritor, está aquejado, digamos, de un trastorno bipolar, esta enfermedad no le convertirá en brillante si no está en su naturaleza serlo. Se es bueno o no se es, independientemente de que seas bipolar, o depresivo, o maníaco. Esto lo afirma la neuropsiquiatría, no lo digo yo... sin embargo, hay casos en los que la enfermedad psiquiátrica influye en la creación musical de una manera extraña y, si se me permite la expresión, también de forma bella. Es el caso de Maurice Ravel (1875-1937), que ya era un genio antes de sufrir la enfermedad. Lo primero que necesitamos, para entrar en materia, es un título rimbombante:

El extraño caso de Maurice Ravel

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El Gran Autómata


Maurice Ravel siempre fue un tipo peculiar. Su amigo Stravinski se refería a él cariñosamente como "el músico relojero", debido a su exagerada pasión por el detalle, la meticulosidad, la limpieza y el orden en sus composiciones musicales. Este rasgo era sin duda reflejo de una personalidad puntillosa, exigente y obsesiva. Quienes trataron con Ravel afirmaban que era una persona seca que nunca se permitía una licencia, ningún exceso. Su trato era frío y reservado, y jamás dejaba translucir sus sentimientos. Otros concluían que era una persona extraordinariamente tímida, razón por la que se encerraba en una máscara inexpresiva. De joven, la obsesión y objetivo de Ravel fue servir nada menos que como aviador durante la Primera Guerra Mundial, pero su débil complexión le relegó a funciones mucho menos heroicas como soldado de segunda. Por aquél entonces comenzó a sufrir insomnio crónico, que ya no le abandonaría hasta su muerte. Licenciado de sus servicios para el ejército por padecer una grave disentería, Ravel regresa deprimido y frustrado. Tras la muerte de su madre, en 1917, es atendido por varios siquiatras, que le diagnostican un cuadro depresivo. El mismo se define como "un gran autómata", una persona triste, aletargada, aburrida, aislada. Sin embargo, su fama como compositor no para de crecer a pesar de sus dolencias. A los cincuenta años ya era un reputado artista, tanto que en 1.920 quisieron condecorarle con la Legión de Honor, premio que Ravel rechaza por considerarlo "una broma de mal gusto". Siete años más tarde comienza a mostrar evidentes síntomas de afasia y ataxia, es decir, incapacidad de comprender y producir el lenguaje, e incapacidad para coordinar los movimientos corporales. Es en este momento cuando llegamos al momento cumbre de Maurice Ravel. En 1.927 escribe el Bolero, obra por la que pasaría a la historia cualquiera que lo hubiese compuesto, pero Ravel dejó, además, un inmenso legado. Vamos a escuchar una versión dirigida por el propio Ravel, en 1.930, con la Orquesta Lamoreux. En esta versión podemos apreciar la seca, fría y desapasionada forma de interpretar de Ravel, motivo por el que esta obra tiene aún más atractivo, si cabe, y después pasamos a analizar esta obra, teniendo en cuenta cómo pudo influir la enfermedad en esta obra.





Después de escribir el Bolero, y antes de su estreno, Ravel asistió a los ensayos de su obra para ver cómo marchaban. El director era monsieur Toscanini, que enseguida recibió una bronca del compositor, reprochandole  la gran rapidez con la que hacía ejecutar la obra (el señor Toscanini le respondió que era "una verdadera lástima que no comprendiese su propia música", por cierto, hay que tener cuajo para responder esto al Maestro). Y en el día del estreno, después de finalizar la obra, una respetable señora empezó a vociferar en público, gritando que Ravel se había vuelto completamente loco (si bien el propio compositor, algo más tarde, afirmó que esta señora era la única que había entendido la obra).

Este insólito rasgo de humor, esa interpretación tan fría y rígida y el comentario de Toscanini son algo más que anécdotas. Son el reflejo de una realidad más profunda que había ido creciendo, para desgracia del compositor, en su propio cerebro. Los expertos en psiquiatría señalan varias teorías que explican la extraña, obsesiva y repetitiva belleza del Bolero, al igual que la fría y rígida manera que tenía Ravel de interpretarlo. La clave fundamental del Bolero, y al mismo tiempo su característica más notable, es que esta pieza consta tan sólo de dos motivos, repetidos dieciocho veces, algo absolutamente inusual, si bien varía la instrumentación.  Aunque no se sea experto musicólogo, esta machacona reiteración melódica ya indica que hay algo extraño en la obra, algo fuera de lo común, indefinible, misterioso. Algunos autores afirman que, en esta última etapa de su vida, Ravel había desarrollado ya los efectos del Alzheimer, motivo por el que el compositor había entrado en una fase de deterioro cerebral que le había llevado a repetir dieciocho veces dos conceptos iniciales (para abundar en la idea, Ravel escribió posteriormente más obras que se basaban en la repetición de melodías y conceptos). Otros afirman que el Bolero es simplemente producto de la trastorno obsesivo compulsivo que ya padecía, y que en los últimos años se había agudizado. Los médicos que trataron a Ravel pensaban que tenía un tumor cerebral, aunque en la autopsia del compositor no se encontró esta dolencia, tan sólo se menciona un hemisferio izquierdo anormalmente atrofiado, que puede ser la clave del misterio. En lo que coinciden los psiquiatras es que Ravel  tenía lo que los anglosajones llaman split brain, es decir, un cerebro aquejado de una desconexión entre sus hemisferios, hecho que provoca desordenes como la afasia y ataxia. Otro diagnóstico muy aceptado es el de la enfermedad de Pick, una rara dolencia similar al Alzheimer que degenera el cerebro, provocando lesiones que merman las facultades de los pacientes. Lo cierto es que en los últimos años de su vida, Ravel no sólo perdió la capacidad de tocar el piano, sino también la habilidad de transcribir a las partituras la música que tenía en su cerebro. Ravel se quejaba de que tenía "la cabeza llena de música", pero era incapaz de expresarla, pues apenas podía controlar sus movimientos ni articular palabras, mucho menos escribir música. Debió de ser muy penoso para él. 



Con independencia de las teorías psiquiátricas, la repetición compulsiva, maníaca, de los dos inolvidables motivos del Bolero, hacen de esta obra un hito en la música. Una pieza difícil de comprender si uno no se acerca a ella con curiosidad e interés, pero a la vez es hipnotizadora, cautivadora, extraña y única, que ha quedado como la obra fundamental de su autor - entre un impresionante repertorio -. ¿Fue Ravel empujado a escribir el Bolero por una manía obsesiva? ¿Le llevó su creciente Alzheimer a repetir una y otra vez la misma idea? Sin duda alguna, si Ravel logró concebir su obra se debió a su genialidad innata, por más que su cerebro no estuviera sano. Sea como fuere, su obra es inmortal y una de las más populares de la historia. Pero no deja de ser una extraña paradoja que una enfermedad neurodegenerativa trastornase su inspiración, llevandole por caminos sorprendentes y no recorridos antes. Solo una mente así podría hacerlo; un gran autómata, sentado ante su pentagrama.

6 comentarios:

  1. Yo personalmente no relacionaría la enfermedad con la repetición de ese motivo (puedo equivocarme), quizás podía buscar el efecto hipnótico. Si el Bolero de Ravel es propio de un maniático obsesivo, no quiero saber de que tipo de mente puede ser fruto la actual "mala" música que viene sonando en casi cualquier discoteca. Eso sí que es repetir el motivo hasta volver loco (o tonto) al que lo escucha. ¡Un fuerte abrazo y vivan los "locos no locos! ABRAZO
    ;)

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    1. Es posible, Víctor, que Ravel buscara el efecto que comentas... lo cierto es que en dos obras posteriores, ya al final de su vida, insistían en estas repeticiones. Personalmente, el tema de las enfermedades mentales versus música me parece apasionante, y me gustaría volver sobre él más adelante... en cuanto a las discotecas, bueno, jajajaja! Me ha gustado tu apunte... más de veinte años ya que estamos con el pom-pom-pom-pom, claro que, si buscas impulsos básicos, un compás de 13/8 no creo que sea el más acertado. Tiene que haber de todo, supongo, pero no creo que en la actual "mala" música no esté el futuro de la música... un fuerte abrazo para ti también y vivan los "locos no locos"!!

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    2. Jajajaja!!! Por cierto, podía haber resumido my comentario más y haberme expresado mejor. Quizás la frase sería; La enfermedad no ayuda a la genialidad, inspira al genio ;) Abrazo!!!!! :D

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    3. Pues creo que lo resumes perfectamente, la enfermedad inspira al genio, ese es el mensaje que deberíamos entresacar de este asunto... Si no me equivoco, en la pintura también hay casos similares al de Ravel, recuerdo ahora el caso de Van Gogh. Misterios de la creación artística!! Abrazo!!!

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    4. Muy cierto, el mundo de la pintura tiene un paralelismo total. Gracias Mr Crow!!!!

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  2. Describir el bolero como producto del alzheimer o de una manía obsesiva me parece quizás inadecuado. De lo que yo sé respecto a la historia de Ravel, si sufrió de una afección mental a causa de un accidente, que creo fue automovilístico, lo cual lo alejó de la música a causa de una lesión. La posterior operación a la que fue sometido (lobotomía) inhabilitó su talento creativo, por lo que no pudo componer más. Es sabido que existe una relación entre la creatividad y la locura, más precisamente es el pensamiento divergente el causante de dicha condición. Es un tema que da para debatir ampliamente y el cual no deja de ser un misterio interesante.

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