viernes, 29 de julio de 2011

Clásicos Imprescindibles: Philip Glass - Sinfonía Nº 2

A quienes no han escuchado todavía la música de Philip Glass.



Si este es tu caso, y tienes curiosidad por acercarte a este compositor, debes saber que no te dejará indiferente. Lo amarás o lo odiarás, pero nunca podrás quedarte a medio camino. No serás capaz de exclamar "no está mal...". Más bien dirás "¡buenísimo!" o "es insoportable". Una de dos. No hay término medio. No falla.

Philip Glass, (n. 1.937), compositor mundialmente conocido, reputado escritor de bandas sonoras y antiguo taxista, es sin duda uno de los más controvertidos artistas de la vanguardia de los siglos XX y XXI. No estoy hablando de la vanguardia atonal, creadora de chirridos y gruñidos orquestales, exasperante, egomaníaca, que no lleva a ningún sitio, que trata a la música como aquellos contorsionistas de circo dislocan sus miembros; en resumen, algo totalmente absurdo e innecesario. No, no, no es esa clase de vanguardia. La música de Philip Glass es... única. Después de diez segundos de audición, sabrás que ES Philip Glass, y no otro. Es el compositor más personal de la historia, con un estilo absolutamente intransferible, algo que nadie se atreve a repetir, ya que ES Philip Glass lo que escuchas, y no otra cosa.

Y este es precisamente uno de los puntos más polémicos en torno a este autor. Maestro de la música repetitiva, se le ha acusado de presentar como suyo el trabajo de otros compositores, pagados por el propio Glass, como quien tiene un taller clandestino en la bodega de su casa, y excusadme por la comparación. Hay que reconocer que la música impersonal, fría, repetitiva y carente de todo tipo de sentimiento es blanco fácil para este tipo de críticas. Ignoro si las acusaciones son falsas, no es mi trabajo descubrirlo.

Yo prefiero pensar que esto no es cierto, y reconocer al Sr. Glass todo el mérito. Y aunque es más conocido por sus bandas sonoras - como Mishima, o The Hours -, yo me inclino más por su repertorio clásico: música de cámara, sinfonías... Escuchemos el último movimiento de su Segunda Sinfonía, a mi juicio una obra maestra en la que la orquesta se ve reducida a una simple máquina, un conjunto de engranajes sin emociones en absoluto, y eso me encanta.

Cuando terminéis la audición, me diréis de qué lado estáis. Probad.



Philip Glass - Sinfonía Nº 2, tercer movimiento.

4 comentarios:

  1. ES Philip Glass, por narices, cualquier otro como que no. Una preciosa sinfonía, sí señor, llena de su esencia propia, si no, no sería él, jeje.

    Sí que es verdad que se han escuchado auténticas burradas de este compositor -que tenía músicos asalariados para que hiciesen su trabajo, como si se tratase de chinos en un taller de ropa de todo a 100-, no sé, lindezas que sólo delatan una envidia considerable. El caso es que la fama se tiene por algo, y si Glass es mundialmente conocido, será porque su música -y no otra cosa-, lo merece sinceramente. No estamos hablando de cualquiera, no de alguien que no tenga una creatividad y un estilo definidísimos -tan definido que el estilo ES él-, sino de un músico brillante con una carrera que daría una envidia brutal a otros. Y si se comentan esas salvajadas de él, quizá sea cierto, o quizá no. Su música está ahí, tanto para quien la ame como para quien la rechace. Han de decidir otros quién es culpable de qué.

    A mí personalmente la música de Glass me pone los pelos como escarpias, a veces quita el aliento, más de uno coincidirá conmigo.

    Un saludo a todos!!!

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  2. Yo personalmente lo amo. No es cariño en si... Pasión diría yo. No soy un experto en él pero la "no indiferencia" hacia su repertorio clásico ha sido muy positiva. Un abrazo!!!

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  3. Victor, veo que te has declarado abiertamente seguidor del Sr. Glass... no me sorprende. No soy un experto en sus bandas sonoras - creo que Irene nos podría dar clases en este sentido -, particularmente escucho más su repertorio clásico, como dije... así que eres de los del club "Glass", jajaja!

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  4. iNere, efectivamente, algo habrá de envidias y tal, pero... ¡es que es tan fácil meterse con este tipo de música! Lo curioso es que otros compositores "clásicos" - ya sabes, de los clásicos de toda la vida - utilizaron este truco, y aquí nadie se ha rasgado las vestiduras. Al fín y al cabo, es más difícil meterse con Glass que con el Sr. Scxuxanx, por poner un ejemplo.

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