domingo, 10 de enero de 2010

Claude Debussy: Preludio a la siesta de un fauno



París, 22 de diciembre de 1.894. Se estrena Preludio a la siesta de un fauno, de Claude Debussy. El público sabe que monsieur Debussy es un artista rebelde e inconformista, y se acomoda en las butacas, expectante. La orquesta, preparada. El director marca el primer compás de nueve octavas con el que se inicia la obra, y la flauta entona una melodía. Diez minutos más tarde, y justo después de escuchar el último compás, el público monta el pollo, exigiendo que la obra sea inmediatamente repetida. Estaban fuera de sí. Una nueva era había comenzado.
Les comprendo perfectamente; si yo estoy allí, y no la vuelven a interpretar, agarro la butaca y me lío a hostias con quien sea. Monsieur Debussy lo había conseguido. Después de años de incansable búsqueda de nuevas sonoridades, de esforzarse por hallar una nueva estética, los diez minutos del Preludio marcan el inicio del modernismo. Sin esta obra, no puede entenderse todo lo que vendría después. La revolución fue tan profunda como importantes fueron los cambios que Debussy introdujo en la música: básicamente, eliminó de un plumazo los excesos con los que Wagner había envenenado a la audiencia, y dejó al oyente que extrajera su propia conclusión; buscaba la inteligencia de quien estaba al otro lado de la partitura para emocionarle. Pero en el Preludio NUNCA nos dice cómo debemos emocionarnos. Eso es tarea nuestra.
Los críticos de aquél entonces que, como sucede en todas las épocas, son los menos indicados para opinar, no aprobaron la obra. Quizá era demasiado adelantada para los tiempos. Pero el público estaba totalmente entusiasmado.
Debussy se había inspirado en "La tarde de un fauno", poema escrito por Stephane Mallarmé. Este poema inspiró a Vaslav Nijinski, el famoso bailarín y coreógrafo, a crear un ballet utilizando el Preludio. El 29 de mayo de 1.912 se estrena el ballet, provocando un escándalo monumental. El motivo fue la coreografía explicitamente sexual que Nijinski había ideado, y que irritó a Debussy hasta el punto de que abandonó la representación. Debussy no era un retrógrado, más bien, sus costumbres eran bastante relajadas para aquella época. Según contaba después el propio compositor, se había enfadado porque Nijinski había buscado la bronca de una manera innecesaria. No rechazaba la coreografía, sino el efecto gratuito que tuvo.
Indispensable, el Preludio a la siesta de un fauno.

Aquí lo escucharemos por la London Symphony Orchestra, dirigida por André Prèvin.




Y aquí podeis ver al propio Nijinski, en una filmación de la época, en la representación del Preludio. Es cortito, pero curioso de ver.

7 comentarios:

  1. Si señor, totalmente de acuerdo. Además nos acompañas el artículo con Monsieur Prévin. Todo un deleite para los sentidos.

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  2. ¿cómo sonaría si Tomita lo hubiera hecho aquí?

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  3. Fernando:

    Me alegra que estés de acuerdo. Y, hombre, si se puede elegir, ponemos a Prèvin... ¡la casa por la ventana!

    Feroz:

    Pues sonaría de muerte... fijate que yo conocí a Debussy a través de Tomita, en uno de las emisiones del Trecet... me acuerdo que fue una rebelación. ¡Qué genio, el Tomita!

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  4. Fantástica la versión. De todas maneras, cada vez me parece más extraño que ´Wagner y Debussy sean dos músicas contrapuestas. Ese corno inglés que suena en el Prelude ¿no es de alguna manera wagneriano? Viva Previn y aoonsejo su versión de El Caballero de la Rosa con la Wiener Phil.

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  5. Tienes toda la razón, Anónimo, en el sentido de que Wagner fue el músico que más influyó en Debussy durante su juventud, pero luego renegó de él... Por otro lado buscaré la versión que nos propones, seguro que es excelente!

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  6. Brillante acercamiento a uno de los músicos que más contribuyó a la renovación de la música clásica, pasando, una vez remodelado por su particular visión, el testigo de Wagner, a las nuevas generaciones de músicos, como Ravel, Varèse, etc.
    Su audición es totalmente recomendable para el que busque un antídoto para el estrés, la prisa, el nerviosismo, e incluso la mala uva.

    Un buen trabajo.
    francisco javier costa lópez

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  7. Gracias, Francisco Javier... empecé esta sección con mi compositor favorito. Como tú dices, su particular visión lo cambió todo, y para mí (y creo que para muchos de nosotros) es el antídoto perfecto contra los males que comentas. Gracias por pasar por aquí!!

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