viernes, 4 de febrero de 2011

Ronan Hardiman: Lord of the Dance


Por Irene Sanz Montero

Hace ya unos cuantos años que el magnífico espectáculo musical llamado Lord of the Dance hizo furor entre los amantes del género de la música celta, sin haber perdido, pese a los años, su fuerza y vivacidad.
Corría el año 1996 cuando el genial compositor y músico de origen irlandés Ronan Hardiman, nacido en Dublín en 1961, fue el encargado de componer las quince maravillosas canciones de que dispone este disco.
Hardiman se reconoce a sí mismo como un compositor de música New Age, tejiendo para el oyente un soberbio tapiz de voces cristalinas, piano, y cierto toque celta muy especial.
El disco Lord of the Dance resultó ser con diferencia el mayor éxito cosechado por este músico, a pesar de tener entre sus obras discos tan recomendables como Solas o Feet of Flames. El espectáculo en sí fue dirigido por el asombroso bailarín y flautista estadounidense de origen irlandés Michael Flatley, nacido el 16 de julio de 1958 en Chicago, y puede decirse que el triunfo logrado no es, ni por asomo, injustificado, llegando incluso a ocupar –con razón- los puestos de los más vendidos, vendiendo un total de unos dos millones de discos en todo el mundo.
Lord of the Dance goza de quince canciones en las que Hardiman ha sabido imprimir su talento hasta dejar helados a todos los amantes de la buena música. Así, por ejemplo, nos topamos con joyas de la música celta como Stolen Kiss, una de las canciones incluidas en el disco, que podría muy bien transportarnos a parajes maravillosos y lejanos donde el presente no pudiese alcanzarnos, y donde toda preocupación se redujese a recoger hierbas culinarias por el campo para el asado.

Una canción maravillosa de esta obra de arte de la música es sin duda Celtic Dream, capaz de conmover al oyente hasta hacerle olvidar problemas y asuntos mundanos. En ella aparece el sello personal de Hardiman más que en otras, dejando entrever la sensibilidad y hasta el misticismo de este compositor. Se entretejen al tiempo unas dulces y etéreas voces femeninas, acompañadas por una melodía sutil y mágica, que perfectamente podría hacernos evocar un hechizante momento descrito en un libro de caballerías.

Muy diferente de Celtic Dream es Warriors, cuarta de las canciones de este singular disco, seria y marcial como si una pudiese escuchar gracias a ella el sonido de la guerra, en tanto que Our Wedding Dream, donde canta prodigiosamente Anne Buckley, resulta una canción dulce y delicada como pocas pueden encontrarse de este estilo.

Para finalizar, la más conocida y genial obra de Hardiman en Lord of the Dance, usada muy acertadamente hace algunos años en una conocida emisora de radio española como sintonía de un programa de fin de semana, es Siamsa, alegre, risueña, rápida y sensacional donde las haya. Puede hacer las delicias de cualquier apasionado por la vida.

Una obra, desde luego, muy recomendable.



(c) 2010 Irene Sanz Montero.

6 comentarios:

  1. Pues tengo poco que decirte de este disco. Creo que ya lo hemos comentado en alguna ocasión. Un trabajo formidable y, como bien dices, muy recomendable.
    Me quedo escuchando "Siamsa".

    Un abrazo!!!

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que sí, es una música preciosa, que todo el mundo debería haber escuchado por lo menos un poco.
    Este disco fue uno de los primeros que me compré cuando me hice con mi primera minicadena, así que para mí es un cd de lo más familiar, un viejo amigo. Ese y alguno suelto de Oldfield.
    Gracias por dejar tu comentario, Germán!!
    Un saludito!!

    ResponderEliminar
  3. Es una música muy bonita que me ha sorprendido, al igual que saber que se representó un espectáculo de ese disco. Debió de ser espectacular. Y como decís, muy recomendable sobre todo para evadirse y relajarse.

    Un saludín!

    ResponderEliminar
  4. Recuerdo que en su momento este disco, y el espectáculo, tuvieron un gran éxito... sin duda contribuyó a extender la música celta a mucha gente...

    ResponderEliminar
  5. Bueno, bueno, pues, hace ya varios años, en una emisora de radio, usaban como sintonía una de las canciones de este disco. Y tanto a mi hija como a mí nos intrigaba un monton saber qué grupo o qué compositor sería el que creara algo tan vital y electrizante. Y, cosas de la vida, rebuscando en unos saldos musicales de un hipermercado: ¡Sorpresa!, lo encontramos. Nos llevamos una alegraía tan gorda que, durante mucho tiempo ese disco fué la banda sonora de nuestra vida. Irene, esta reseña está genial, felicidades y gracias por todo, Mª Ángeles.

    ResponderEliminar
  6. ¡Qué curioso lo que comentas! A veces, la respuesta está donde menos te lo imaginas, fijate, en los saldos de un hipermercado... Me uno a la felicitación para iNere. ¡Está hecha una experta!

    ResponderEliminar

Buscar