miércoles, 14 de julio de 2010

Claude Debussy: Claro de luna (Suite Bergamasque)


A veces he intentado introducirme en la mente de Claude Debussy. Sé que suena un poco raro, pero su música me ha fascinado desde joven, y siempre he sentido deseos de pasear por al menos uno de los caminos que llevaron a este genio a concebir su visión de la música. No hace falta decir que nunca lo he conseguido. Puedo entender su concepto, pero no vivirlo.
Siempre que escucho su archifamoso Claro de luna, de la Suite Bergamasque, me pregunto dos cosas, básicamente:

1.- ¿Cómo demonios fue capaz de componer eso?
2.- ¿Qué sintió mientras escuchaba su propia creación, mientras sus dedos pulsaban las teclas del piano?

No tengo respuesta para estas cuestiones. Puedo bucear en internet y deducir alguna idea, pero no puedo, ni experimentar las sensaciones del propio monsieur Debussy, ni comprender su genial momento de inspiración. Es como si este hecho escapase de la naturaleza humana. Iba a escribir que es algo "sobrenatural", pero no es la palabra. Más bien es "sobrehumano". Algo que sólo él pudo crear. Su melodía perfecta, las armonías, las frases y los arpegios... las notas que flotan en el aire como las nubes, y cambian su forma con el viento.

Esta obra es, según mi opinión, única. Cada vez que la escucho, me acerco a ella con profunda extrañeza, como si no fuera de este planeta. Si tuviera una máquina del tiempo, no volvería a la época de los dinosaurios; en cambio me gustaría estar en su estudio, agazapado como un voyeur del tiempo, y ser testigo del momento en que creó su Claro de Luna.

Escuchemos la excelente versión de Tamás Vásáry, al piano, en una grabación de 1.970, publicada por la Deustche Classikon.

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